¡Seguimos de cataratas! Si el lado brasileño es el más panorámico, el lado argentino es el más inmersivo, ya que dispone de varios senderos y muchas pasarelas que discurren por encima de los saltos de agua. Así que coged los chubasqueros y los pasaportes, ¡que cambiamos de país!
Para llegar al lado argentino de las cataratas, hay que tomar un taxi. Los Uber no cruzan la frontera. Todos las compañías que consultamos tenían un coste bastante elevado, incluso en el hotel, hasta que dimos con Alejandro, un taxista argentino muy simpático, que nos ofreció el mejor precio de la zona.
Os dejamos aquí su contacto: Alejando Barrionuevo +54 9 3548 46-5150. En Google aparece como Taxi Cataratas Iguazú El Cordobés. Es totalmente recomendable. Conduce muy bien, es muy simpático, y hace trayectos a través de las tres fronteras. Su web es: https://cordobestaxiiguazu.com
Las entradas pueden adquirirse en las taquillas o en la web oficial y tiene un coste de $45.000 por persona.
En el lado argentino de las cataratas de Iguazú, hay 3 circuitos de pasarelas (Superior con 1750m, Inferior con 1700m y Garganta del Diablo con 1200m).
Todos los senderos tienen un recorrido más o menos fácil, aunque el inferior cuenta con desniveles y tramos de escaleras, mientras que el superior es más llano. Tanto el Circuito Superior como el Circuito Inferior están muy cerca de la entrada. En cambio, para llegar a la Garganta del Diablo, hay que recorrer unos 3 kilómetros desde los accesos a los senderos, o bien tomar el tren ecológico que cubre este trayecto. El ticket del tren está incluido en la entrada al parque.
Quedamos con Alejandro a las 8h en el hotel. Hay que tener en cuenta el tiempo que se tarda en pasar la frontera con Argentina. El Parque abre a las 8h.
Nada más entrar, tomamos el tren ecológico que lleva hasta la Garganta del Diablo, el punto más alejado del parque. El tren funciona con horarios establecidos y, al acceder, te entregan un ticket para el próximo disponible. El primero ya estaba completo, así que nos asignaron el siguiente y tuvimos que esperar un poco. En ese mismo billete aparece también la hora del tren de regreso desde la Garganta del Diablo, de modo que no puedes permanecer allí más de 1h 30 min. Es tiempo más que suficiente para recorrer la pasarela con calma y disfrutar plenamente del entorno.
Desde la estación Garganta, recorrimos el sendero de 1200 m hasta el salto más impresionante de las cataratas, que ya habíamos visto el día anterior desde el otro lado. El sendero transcrurre por encima del agua, en un ambiente tranquilo y relajado hasta llegar al salto de agua más impresionante de Iguazú. Aquí el estruendo y la fuerza del agua son abrumadoras. Después de contemplar este espectáculo de la naturaleza, regresamos en el tren ecológico hasta el inicio de los senderos. Nos bajamos una estación antes de la entrada del parque (estación cataratas). Aprovechamos para comer en el bar que hay situado en la estación, entre coatíes y aves exóticas. Los precios son algo elevados, como suele ocurrir en la mayoría de los parques. La oferta gastronómica se basa en menús de hamburguesas y sándwiches, suficiente para salir del paso. ¡Las hamburguesas estaban deliciosas!
Después de comer iniciamos el Circuito Superior, con una distancia aproximada de 1750m (entre 1-2 horas, en función de las paradas). Este circuito ofrece una experiencia serena y panorámica, ideal para quienes desean contemplar las cataratas desde lo alto. Las pasarelas metálicas, completamente planas y elevadas sobre la selva, permiten caminar con comodidad mientras el río Iguazú se abre paso entre islas verdes antes de precipitarse en los distintos saltos. Desde el primer tramo ya se percibe la inmensidad del paisaje.
A lo largo del recorrido aparecen miradores que se asoman directamente al borde de varios saltos emblemáticos, como Dos Hermanas, Chico, Ramírez, Bossetti, Adán y Eva, Mbiguá y, en la distancia, el imponente Salto San Martín. Cada mirador ofrece una perspectiva distinta. Algunos permiten observar cómo el agua se desliza suavemente antes de caer, mientras otros abren panorámicas amplias hacia el cañón y la vegetación que se extiende hacia Brasil.
El ambiente es luminoso y tranquilo. A diferencia del Circuito Inferior, aquí el sonido del agua llega más suave, como un murmullo constante que acompaña la caminata. La exposición al sol es mayor, lo que realza los colores de la selva y hace que los arcoíris aparezcan con frecuencia sobre los saltos. La sensación general es de amplitud: caminar sobre la copa de los árboles, con el río a un lado y el vacío al otro, siempre protegido por pasarelas seguras.
Ya para terminar, regresamos a la entrada a través del sendero verde. Este sendero es un pequeño camino plano y sin escaleras de 600 metros, que conecta la estación de tren Cataratas con el centro de visitantes.
Después de este día tan intenso, regresamos al hotel de nuevo con Alejandro, que nos esperaba en la puerta. Afortunadamente, los taxis con licencia turística cuentan con un permiso especial para saltarse la enorme cola que se forma para cruzar la frontera. Tardamos un poco más que en el trayecto de ida, pero fue un viaje cómodo y nada pesado. El resto de vehículos afrontaba al menos dos horas de espera, así que contratar un taxi de confianza como Alejandro es totalmente recomendable. Tuvimos mucha suerte de dar con él.
Pasamos el resto de la tarde en el hotel, que contaba con billar y mesa de ping‑pong, así que lo pasamos de maravilla. También aprovechamos para cenar en su restaurante, una opción cómoda después de un día tan completo.