Nuestro primer día en la ciudad lo dedicamos a recorrer el centro histórico y el barrio de Lapa y Santa Teresa. Se recomienda recorrer estos barrios entre semana, cuando hay más actividad y todos los edificios están abiertos, por eso empezaremos por aquí (el Cristo Redentor tuvo que esperar hasta mañana, ¡aunque pudimos verlo de lejos!).
Desde nuestro hotel, ubicado en Ipanema, tomamos un Uber hasta la Praça XV de Novembro, en el corazón histórico de Río de Janeiro. Esta plaza es uno de esos lugares donde la ciudad revela sus capas más profundas: el pasado colonial, la vida portuaria, la arquitectura imperial y la modernización del siglo XX conviven en un mismo espacio. Caminar por ella es recorrer, en pocos pasos, más de tres siglos de historia brasileña.
La plaza fue durante mucho tiempo la puerta de entrada a Río. Aquí desembarcaban viajeros, mercancías y autoridades; aquí se proclamaron decisiones políticas que marcaron el rumbo del país. Su nombre recuerda la fecha de la proclamación de la República (15 de noviembre de 1889), pero su trazado y sus edificios hablan también del período colonial y del Imperio.
Entre las construcciones más destacadas se encuentra el Paço Imperial, un edificio del siglo XVIII que fue residencia de gobernadores, sede de la familia real portuguesa y escenario de decisiones políticas fundamentales. Su arquitectura sobria y elegante, típica del período colonial luso-brasileño, contrasta con el dinamismo cultural que alberga en la actualidad, con exposiciones, una librería y una cafetería que invitan a detenerse un momento.
Muy cerca se abre paso el Arco do Teles, hoy un pasadizo, y uno de los últimos vestigios del Río colonial. Es todo lo que queda de la Casa del Senado, que se destruyó en un incendio en 1790.
Es el único arco colonial que queda en Río y data de 1757. En la actualidad es la entrada a un entramado de calles adoquinadas llenas de bares y cafés con terraza, Residentes y visitantes pasean por él para escapar del bullicio de la ciudad y tomar algo tranquilamente.
En la Travessa do Comércio, calle peatonal justo detrás del arco, había en pensión en el número 13, donde vivió Carmen Miranda y su familia. Aunque la vivienda original ya no existe, se sabe que fue en ese entorno donde comenzó a cantar, a trabajar en tiendas de sombreros y a relacionarse con músicos y compositores que marcaron sus primeros pasos artísticos. Ese hogar familiar, sencillo pero lleno de vida cultural, fue el punto de partida de una carrera que la llevaría desde los escenarios cariocas hasta Hollywood.
En la Plaza XV de Noviembre también se encuentra la iglesia de Nossa Senhora do Carmo da Antiga Sé. Su historia se remonta al siglo XVI, aunque el edificio actual tomó forma en el XVIII. Durante casi dos siglos fue la Catedral de Río de Janeiro y, por ello, escenario de coronaciones, funerales de Estado y ceremonias imperiales. En su interior, los altares dorados, los retablos tallados y el gran órgano del siglo XIX revelan la riqueza del barroco carioca y la importancia que tuvo este templo en la vida política y religiosa del país. Su fachada, que combina elementos barrocos y neoclásicos, refleja las sucesivas reformas que acompañaron la transformación de la ciudad.
Su cripta, aunque no suele estar abierta al público, alberga los restos de miembros del clero carmelita y figuras vinculadas al templo durante los siglos coloniales e imperiales.
En la plaza también se encuentra el Palacio Tiradentes, otro de los edificios más emblemáticos del centro histórico de Río de Janeiro y un símbolo de la vida política brasileña durante gran parte del siglo XX. Inaugurado en 1926, fue sede de la Asamblea Legislativa y, antes de eso, el lugar donde se encontraba la antigua Cámara de Diputados del Imperio. Su nombre rinde homenaje a Tiradentes, mártir de la Inconfidência Mineira, cuya estatua preside la fachada principal.
El edificio destaca por su arquitectura ecléctica con influencias neoclásicas, grandes columnas, esculturas alegóricas y un interior monumental decorado con murales, vitrales y detalles en mármol. Durante décadas fue escenario de debates, decisiones legislativas y momentos clave de la historia republicana. Hoy funciona como espacio cultural y museo, abierto a visitantes que quieren conocer tanto su arquitectura como su papel en la vida política del país (se organizan visitas guiadas).
La plaza también alberga el Chafariz do Mestre Valentim, una fuente histórica diseñada por uno de los artistas más importantes del Brasil colonial, y el moderno terminal de barcos, desde donde parten embarcaciones hacia Niterói y otras localidades de la bahía.
Hay otras iglesias en la zona que se pueden visitar, como la Igreja Nossa Senhora da Lapa dos Mercadores y la Imperial Irmandade da Santa Cruz dos Militares.
La Igreja Nossa Senhora da Lapa dos Mercadores fue fundada en el siglo XVIII por la hermandad de los comerciantes. Su cúpula decorada, los altares dorados y las imágenes sacras revelan la riqueza artística del barroco carioca, mientras que su ubicación, entre calles estrechas y antiguas, la convierte en un refugio silencioso en medio del bullicio urbano.
La Imperial Irmandade da Santa Cruz dos Militares es una antigua hermandad fundada por soldados y oficiales en el período colonial, vinculada a la Igreja de Santa Cruz dos Militares en el centro de Río. Su templo, con interior barroco y detalles asociados al mundo castrense, refleja la importancia espiritual y social que esta confraternidad tuvo entre los militares a lo largo de los siglos.
Nuestra siguiente parada prevista era la Confitería Colombo pero cuando llegamos estaba cerrada (abrían a las 11h), así que continuamos hasta el Real Gabinete Portugués de Lectura, un espacio que parece sacado del imaginario de Harry Potter. Construido en el siglo XIX por la comunidad portuguesa, su interior es un espectáculo de estanterías de madera tallada que se elevan hasta el techo y miles de volúmenes antiguos que convierten el lugar en un templo dedicado al conocimiento. Visitarlo es entrar en una de las bibliotecas más bellas del mundo y descubrir un rincón de Río donde la historia, la literatura y la arquitectura se unen para crear una experiencia inolvidable. Una auténtica maravilla y con entrada gratuita.
Ahora sí, desanduvimos nuestros pasos y regresamos a la Confitería Colombo, donde la cola para conseguir mesa ya empezaba a tomar forma. Fundada en 1894 por inmigrantes portugueses, pronto se convirtió en un punto de encuentro para la élite intelectual y artística de Río. Su interior, fiel al espíritu de la belle époque, deslumbra con vitrales belgas, espejos europeos, mármoles italianos y una ornamentación que conserva intacto el esplendor de principios del siglo XX.
Más que una cafetería, es un símbolo de la vida cultural carioca: allí se reunían escritores, políticos, músicos y viajeros que buscaban un espacio elegante para conversar y disfrutar de dulces tradicionales, pasteles y el famoso café servido en vajilla clásica.
Hoy sigue siendo un lugar emblemático donde pasado y presente conviven, ofreciendo a los visitantes una experiencia que combina historia, arquitectura y sabores que forman parte del patrimonio afectivo de la ciudad. Pasamos un buen rato en su interior y nos regalamos el segundo desayuno del día. Así, con buen café y mejor ambiente, empezábamos el viaje de la mejor manera.
A corta distancia visitamos la iglesia de la Tercera Orden, una de las más impresionantes del centro histórico de Río de Janeiro. Para acceder a la iglesia, hay que atravesar los jardines, pasar a través de un túnel y coger el ascensor que te lelva hasta lo alto de la colina. También se puede subir a pie por un buen montón de escaleras.
La nave principal de la iglesia, conocida como Capela Dourada (Capilla Dorada), es uno de los espacios más deslumbrantes del barroco brasileño. Su nombre no es casual y es que toda la nave está recubierta con oro: tallas doradas que cubren paredes y altares, esculturas minuciosas y un techo pintado por Caetano da Costa Coelho, considerado una de las obras maestras del arte sacro brasileño. Una visita imprescindible en el centro histórico de Río de Janeiro que no os podéis perder (R$20 / R$ 10 para mayores de 60 años).
Después de la visita, caminamos hasta Cinelândia, que es el nombre popular de una importante plaza pública en el centro de Río de Janeiro. Su nombre oficial es Praça Floriano Peixoto, en honor al segundo presidente de Brasil. Alrededor de la plaza se pueden admirar el Teatro Municipal, la Biblioteca Nacional, la Cámara Municipal o Palacio Pedro Ernesto (visitable), el edificio del Ayuntamiento y el Museo de Bellas Artes. Sin duda un conjunto de edificios fascinantes.
Continuamos el paseo hacia la Estación de Santa Teresa, conocida oficialmente como la estación del Bonde de Santa Teresa.
Esta estación funciona como punto de partida del famoso tranvía amarillo que asciende por las cuestas del Morro de Santa Teresa. Es uno de los pocos tranvías históricos aún en funcionamiento en Brasil, no solo es un medio de transporte, es un símbolo carioca que conecta el bullicio urbano con un barrio de espíritu artístico, bohemio y lleno de miradores.
La estación conserva un aire antiguo que recuerda los tiempos en que el tranvía era el principal enlace entre el centro y las colinas. Desde allí, el recorrido atraviesa los Arcos da Lapa, sube por calles estrechas y serpenteantes y se adentra en un paisaje de casas coloniales, talleres de artistas y pequeñas plazas.
Aunque subir en él sin duda sería pintoresco, las largas colas para acceder lo hacen menos atractivo, así que vimos la estación y decidimos buscar el tranvía en las calles de Santa Teresa.
Nuestra última visita en el centro histórico fue la Catedral Metropolitana de San Sebastián, uno de los templos más singulares de la ciudad. Inaugurada en 1976, rompe por completo con la estética colonial y barroca del centro histórico. Su arquitectura moderna, diseñada por Edgar de Oliveira da Fonseca, adopta la forma de un gran cono que evoca las pirámides mayas y simboliza la cercanía entre lo divino y lo humano. Con 75 metros de altura y una base de más de 100 metros de diámetro, su interior impresiona por la amplitud y por los cuatro enormes vitrales que ascienden desde el suelo hasta la cúspide, formando una cruz de luz que ilumina todo el espacio.
La catedral funciona como sede de la arquidiócesis de Río y acoge celebraciones, actos oficiales y visitas constantes de viajeros atraídos por su diseño monumental. Desde el exterior, su presencia futurista contrasta con los edificios del centro; por dentro, la combinación de luz natural, silencio y escala monumental crea una atmósfera que muchos consideran sobrecogedora. Es un punto clave para comprender la diversidad arquitectónica de Río, donde la modernidad convive con siglos de historia religiosa (entrada gratuita).
Al salir de la catedral fuimos caminando hasta los Arcos de Lapa donde tuvimos la oportunidad de ver pasar el tranvía pasando por ellos, una de las estampas más famosas de Río. La zona no es nada recomendable. En la plaza hay muchos sin techo y el ambiente no es nada seguro. Estuvimos el menos tiempo posible y tomamos un Uber hasta el Barrio de Santa Teresa.
El barrio de Santa Teresa es uno de los lugares más carismáticos de Río de Janeiro, un refugio bohemio en lo alto del morro donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo. Sus calles estrechas y empedradas serpentean entre antiguas mansiones, talleres de artistas, cafés íntimos y miradores que regalan vistas privilegiadas de la ciudad.
El histórico tranvía amarillo, símbolo del barrio, sigue siendo parte esencial de su identidad, y ese espíritu queda plasmado en el mosaico Um Bonde para Santa Teresa, una obra colorida que celebra la memoria afectiva del bonde y da la bienvenida a quienes llegan desde Lapa.
En el corazón del barrio se encuentra el Largo dos Guimarães, su plaza más animada y uno de los principales puntos de encuentro. Allí confluyen restaurantes, bares, tiendas de artesanía y el ir y venir del tranvía, creando un ambiente vibrante que resume la esencia de Santa Teresa. Muy cerca, el Centro Cultural Municipal Laurinda Santos Lobo ofrece un contrapunto artístico y tranquilo. Instalado en una antigua residencia, acoge exposiciones, conciertos y actividades culturales que mantienen viva la tradición creativa del barrio.
Para completar la experiencia, nada como detenerse a comer algo en el Bar do Mineiro, punto de encuentro donde la vida bohemia del barrio se mezcla con la cocina casera y el ambiente relajado típico de Río. Ubicado cerca del Largo dos Guimarães, este bar‑restaurante se hizo famoso por su feijoada, considerada una de las mejores de la ciudad, y por sus paredes repletas de fotografías, arte popular y recuerdos que cuentan décadas de historia local. También tienen una amplia selección de tapas para compartir. ¡Totalmente recomendable!
Después del festín, y tras un paseíto por el Barrio de Santa Teresa, tomamos un Uber hasta las Escaleras de Selarón. Estas emblemáticas escaleras, son uno de los lugares más vibrantes y fotogénicos de Río de Janeiro, una obra de arte urbana que se ha convertido en símbolo del barrio de Lapa y del espíritu creativo de la ciudad. Su autor, el artista chileno Jorge Selarón, comenzó en 1990 a restaurar los peldaños deteriorados que conectan Lapa con Santa Teresa. Lo que empezó como un gesto personal terminó transformándose en un proyecto monumental: 215 escalones recubiertos con miles de azulejos de colores provenientes de más de 60 países.
El rojo intenso, los mosaicos brillantes y la mezcla de estilos convierten la escalera en un homenaje vivo a la diversidad cultural. Selarón solía decir que era su “obra en progreso”, ya que nunca dejó de añadir piezas nuevas hasta su muerte. Hoy, el lugar es un punto de encuentro para viajeros, fotógrafos y amantes del arte urbano, un espacio donde la creatividad individual se fusiona con la energía popular de Río.
Hay colas para hacerse fotos aunque si buscas otro encuadre, puedes ahorrártelas.
Finalmente, regresamos a nuestro hotel en Uber. Tras un merecido descanso, salimos a pasear por Copacabana e Ipanema.
Copacabana e Ipanema forman un dúo imprescindible para entender el alma de Río de Janeiro, cada una con su propio carácter y encanto.
Copacabana late con energía constante. Su playa en forma de media luna, el paseo de mosaicos ondulados y los hoteles clásicos frente al mar crean un ambiente vibrante donde siempre hay movimiento. Es el lugar perfecto para caminar junto al océano, tomar un coco frío o disfrutar del bullicio carioca.
Ipanema, a pocos minutos, ofrece un aire más elegante y contemporáneo. Su playa es famosa por los atardeceres frente al Morro Dois Irmãos y por un ambiente joven y relajado. Entre sus calles se mezclan boutiques, cafés y bares modernos que le dan un estilo propio. Los domingos, además, tiene lugar la feria Hippie, junto a la Praça General Osório.
Aquí también se encuentra el histórico Bar Veloso, hoy llamado Garota de Ipanema, donde Tom Jobim y Vinicius de Moraes se inspiraron para componer la célebre canción observando pasar a la joven que dio nombre al tema. El local conserva ese aire nostálgico que atrae a amantes de la música de todo el mundo.
Entre ambos barrios, justo donde se encuentra nuestro hotel, la puesta de sol en Pedra do Arpoador es un ritual carioca. Cada tarde, locales y viajeros se reúnen sobre las rocas para ver cómo el sol se esconde detrás de los Dois Irmãos, tiñendo el cielo de tonos dorados y rosados. Es uno de los momentos más mágicos de Río, un aplauso espontáneo a la belleza natural que une a todos los que lo presencian.