Tras otro desayuno de esos que te disparan el azúcar por las nubes, emprendimos la visita a la favela Santa Marta, uno de los paisajes urbanos más llamativos y reconocibles de Río de Janeiro, marcado por sus casas escalonadas y colores intensos.
Nos desplazamos en Uber hasta la Plaza Corumbá, donde se encuentra el Stand de Turismo donde nos reunimos con nuestro guía Elías Duarte (+55 21 99130-5505).
Desde allí, caminamos unos pocos metros y tomamos el teleférico hasta la Quinta Estação, disfrutando durante el ascenso de las primeras vistas panorámicas. Al subir al teleférico nos indicó Elías que no debíamos tomar fotografías, ya que íbamos acompañados por dos miembros de seguridad de la favela, a penas unos críos con unos enormes rifles. A mitad del ascenso, cambiamos de teleférico y continuamos el ascenso hasta la última estación. Al llegar arriba, tuvimos tiempo para hacer fotos y contemplar la maravillosa vista, un paisaje que combina la vitalidad de la favela con la inmensidad de la ciudad y el Cristo Redentor al fondo.
Empezamos nuestro paseo y nos detuvimos en el estadio de fútbol, donde se disputa un torneo entre favelas. Luego avanzamos hacia la famosa Laje Michael Jackson, el lugar donde el artista grabó parte del videoclip de They Don’t Care About Us. Una parada cargada de simbolismo y un punto perfecto para entender el impacto cultural de Santa Marta.
Tras un rato en la plaza, iniciamos el descenso. Desafortunadamente, o no, el teleférico se acababa de estropear, así que tuvimos que bajar por las escaleras.
La bajada por la favela fue uno de los momentos más enriquecedores. Caminamos por callejuelas y callejones, descubriendo murales, rincones coloridos y escenas cotidianas que nos permitieron conectar con la vida local. En el camino conocimos la Asociación de Moradores, pieza clave en la organización comunitaria, y aprendimos sobre el proyecto “Tudo de Memória”, responsable de las icónicas casas de colores que decoran la zona.
Pasamos también por varias iglesias evangelistas y alguna católica, la escuela y finalemte la Plaza Cantão, uno de los lugares más fotografiados de Santa Marta.
El tour tuvo una duración aproximada de dos horas y un coste de R$ 120 por persona (precios de 2026).
Después de esta impresionante visita, tomamos un Uber hasta el Monasterio de San Benito, en pleno centro de Río de Janeiro, uno de esos lugares donde el silencio parece tener peso propio. Fundado en el siglo XVII, combina una fachada sobria con un interior barroco deslumbrante, repleto de tallas doradas que brillan incluso con la luz tenue. Durante las misas de domingo, los cantos gregorianos llenan la iglesia y crean una atmósfera casi suspendida en el tiempo, convirtiendo la visita en una experiencia espiritual y estética que contrasta con el bullicio de la ciudad.
La zona no es especialmente segura, sobre todo si vais en fin de semana, así que conviene pedir un Uber directamente desde la puerta del monasterio, que está en lo alto de un morro y bastante aislado. Es la forma más cómoda y, sobre todo, la más tranquila para continuar la visita sin preocupaciones (entrada gratuita).
Después de esta visita, nos fuimos directamente al Museo do Amanha, para disfrutar de una visita exterior y, sobre todo, para comer en su fabuloso restaurante Casa do Saulo, donde cada plato parece llevar un pedacito de la Amazonia. Tras la comida, dimos un paseo por el mercadillo del Porto Maravilha, perfecto para curiosear y dejar que la tarde avanzara sin prisa. Finalmente, regresamos al hotel en Uber, satisfechos, relajados y con la sensación de que aquel día ya nos había dado más de lo que podíamos pedir.