Después de otro desayuno no apto para diabéticos —¡con palomitas incluidas!— tomamos un Uber rumbo a la Central Hidroeléctrica de Itaipú. Nuestra idea inicial era visitarla desde el lado paraguayo, pero nos cancelaron la reserva por un evento y tuvimos que visitar finalmente el lado brasileño. Afortunadamente, porque las colas para cruzar la frontera hacia Paraguay eran kilométricas. La visita es con reserva precio a través de la web oficial. La ruta panorámica que hicimos nosotros tiene un coste de R$ 60, y el tour especial que permite acceder al interior de la represa R$182.
Disculpad, pero el desayuno del hotel se merece unas imágenes....¡para los más golosos!
La visita a la Central Hidroeléctrica de Itaipú es una experiencia que combina ingeniería monumental, historia regional y una mirada privilegiada a una de las obras humanas más impresionantes del planeta. Ubicada entre Paraguay y Brasil, Itaipú se levanta sobre el río Paraná y, desde 1984, genera energía para ambos países. Su escala es tan colosal que cuesta imaginarla hasta que estás allí: un muro que se extiende casi ocho kilómetros y una potencia capaz de abastecer a millones de personas.
El recorrido comienza en el Centro de Recepción de Visitantes, donde una breve introducción audiovisual explica la magnitud del proyecto, su impacto en la región y el proceso de construcción que transformó por completo el paisaje del Paraná. Desde allí, los visitantes suben a un bus oficial que recorre distintos puntos estratégicos de la represa. El trayecto ofrece vistas panorámicas del embalse, del vertedero y de la estructura principal, cuyos arcos y compuertas parecen sacados de una obra de ciencia ficción.
Uno de los momentos más impactantes es la llegada al Mirador del Vertedero, especialmente cuando está abierto. La fuerza del a gua liberada es sobrecogedora: un torrente blanco que cae con un estruendo profundo y que demuestra, de forma casi visceral, la energía que mueve esta gigantesca central.
El recorrido continúa hacia la parte superior de la represa, donde se aprecia la inmensidad del embalse Itaipú, un lago artificial que se extiende hasta donde alcanza la vista. Desde este punto, la frontera entre Paraguay y Brasil se vuelve casi simbólica: ambos países comparten la administración, la energía y la historia de esta obra colosal.
La visita también permite observar las enormes turbinas desde el exterior y comprender cómo el agua del Paraná se transforma en electricidad mediante un sistema de precisión milimétrica.
Después de la visita, tomamos otro Uber hasta el Templo Budista Chen Tien (entrada gratuita), un espacio que invita a bajar el ritmo y contemplar la ciudad desde otra perspectiva. Rodeado de jardines amplios y esculturas que representan distintas figuras del budismo, este templo es uno de los mayores centros de la tradición mahayana en Sudamérica.
El complejo sorprende desde el primer momento: más de un centenar de estatuas blancas de budas y bodhisattvas se alinean en los jardines, creando un ambiente casi ceremonial. Entre ellas destaca la imponente figura del Buda Maitreya, que se eleva sobre el paisaje y se ha convertido en uno de los símbolos del lugar.
El silencio del entorno y la vista panorámica hacia Ciudad del Este y parte de Paraguay hacen que el paseo sea ideal para quienes buscan un momento de calma en medio de un viaje lleno de actividades.
El edificio principal, con su arquitectura tradicional y sus colores intensos, puede observarse desde el exterior, y en ocasiones se permite el ingreso para conocer el salón de oraciones, siempre respetando las normas del lugar.
Regresamos al hotel para disfrutar de una estupenda comida y, después, llamamos a Alejandro para que viniera a recogernos. Cruzamos de nuevo la frontera y nos trasladamos a un lodge situado en plena selva argentina, La Aldea Selva Lodge. Allí pasaríamos las siguientes dos noches, y ¡ojalá hubiesen sido más!